La literatura teosófica moderna, vasta y variada como es. contiene dos exquisitas gemas de profundo misticismo. Ellas son: Luz en el Sendero y La Voz del Silencio. Esta última fue la última obra de H. P. Blavatsky al mundo, ya que fue publicada sólo dos años antes de fallecer.
Search
Una Visión Oculta De la Salud y de las Enfermedades - G. Hodson
Las teorías aquí presentadas han sido desarrolladas mediante el estudio clarividente de un gran número de casos que han estado bajo mi cuidado durante los pasados dos años; he observado, hasta donde mis poderes me lo permiten, la condición de los cuerpos sutiles y físicos de los pacientes, desde la época de su primera consulta, y a través de las varias etapas del tratamiento, hasta llegar a la recuperación o fallar en el intento, según fuera el caso.
La Salud y La Vida Espiritual - Hodson G
La causa raíz de cada caso individual de enfermedad reside en la resistencia opuesta al derecho del Ego a gobernar su personalidad y a hacer oídos sordos a la voz de la conciencia. Esta causa raíz es divisible en dos clasificaciones subsidiarias. La primera de ellas consiste en ese tipo de karma que es efecto de la indocilidad de la personalidad y el cerrarse a la voz del Yo Superior, de lo cual resultan los pecados de comisión, acciones contrarias al principio fundamental de Unidad.
Diálogos Místicos - Jacob Boheme
En la primera obra que presentamos aquí, Boehme expone sus experiencias místicas mediante un diálogo entre maestro y alumno, ambos aquí respectivamente Teóforo y Junio. Teóforo parece haber llegado al máximo conocimiento de su alma, donde encuentra una región inhabitada donde es posible oír y ver.
Confesiones - Jacob Boheme
Aceptar la vida es aceptar la existencia del Mal. Y el Romanticismo, como filosofía
de la vida, no podía sino admitir las fuerzas demoníacas como algo positivo. William
Blacke, que en muchos sentidos anticipa a Nietzsche y a Jung, creía que el hombre
podría alcanzar una dimensión gigantesca cuando lograse integrar el cielo con el
infierno, es decir su cielo con su infierno, puesto que, como ya lo había dicho Boehme
todos los llevamos en nuestro propio interior.